sábado, 17 de diciembre de 2011

...Dulces y deseados deseos...

Y siento como si  una soga me oprimiera fuertemente el cuello. Como si sintiera que estoy acabada y enterrada más abajo del subsuelo. Como si realmente pasara desapercibida para todo el mundo, incluso para las personas que más me importan.

Siento unas ganas tremendas de evadirme del mundo, correr más rápido de lo permitido, más rápido de lo que mis piernas aguanten. Refugiarme sola en algún lugar solitario y apacible y por último… llorar. Llorar como si fuera mi último día, llorar para que nadie pueda ver mis lágrimas recorriendo mis mejillas. Llorar lejos de todo y de todos, para que el mundo crea que sigo siendo fuerte a pesar de las adversidades. Para que crean que soy feliz porque siempre muestro una sonrisa, porque parece que siempre estoy alegre.
Siempre correcta, siempre sabiendo estar y lo siento pero ya me cansé. Por ello deseo un lugar apartado, lejos, sin nadie, solo con el ruido del viento susurrándome al oído, solo con el oído de mi llanto escuchándose por todo ese espacio.


Y desear por un momento que el tiempo se parase, poder cambiar tu vida con un simple chasquido de dedos. Que todo aquello con lo que siempre has soñado aparezca así, de repente. Como un regalo de reyes deseado por aquella dulce niña durante todo el año y hecho realidad envuelto debajo del árbol. Recibirlo con ilusión y alegría y ser feliz con aquello que por fin tienes en tus manos y tanto tiempo has deseado. Si por un momento pudiéramos soñar y adentrarnos en un sueño que nunca jamás acabe, si por un instante pudiéramos desear todo aquello que a simple vista te parece imposible y de nuevo te lo encontraras delante de ti como por arte de magia. Sería algo inaplazable y que viviría para siempre.

Pero lo cierto es que no vivimos en un sueño, lo cierto es que la vida es más difícil o quizás nosotros la hacemos difícil. Y llega un momento en que te cansas de vivir tu vida, porque hechas en falta tener cosas que los demás tienen, porque crees que no eres todo lo feliz que podrías llegar a ser. Porque añoras todo aquello que siempre has deseado tener y aun te falta. O quizás no es algo imprescindible, pero para ti es una necesidad básica que necesitas cubrir.

De repente un millón de recuerdos te invaden la mente, como clavándose de manera cruel en tu cabeza y miles de preguntas sin respuestas, y miles de promesas incumplidas, y miles de deseos que solo esperan cumplirse algún día. Y miles de arrepentimientos, de dudas y de cuestiones por resolver. Y desearías estar en otro lugar, en otro cuerpo y en otra situación que no fuera la tuya. Pero al fin y al cabo son solo eso. Simples y maravillosos deseos.

4 comentarios:

  1. Holaa
    Queria decirte que me encanta tu blog! Y adoro esta entrada!! =)

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  2. Los sueños y los deseos, nos hacen más llevadera la vida cuando se vuelve un poco complicada. Creo yo.

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  3. Una vez me dijeron que es el amor, y no el tiempo, el que sana las heridas. Seas cuales sean, lo profundas que sean.
    La Navidad se vive en realidad cuando el Amor se hace Verdad en nuestras vidas con los demás.
    Así que deshazte de esa soga que te ahoga, y vive una feliz Navidad.
    Un besito.

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